Lástima
que el resultado no redondease la experiencia de quién me acompañaba, que
estrenaba, a su muy corta edad, tanto aquello de ver en directo a su equipo del
alma como conocer, por primera vez, su tan oído San Mamés.
El
ambiente que se genera en un partido normal de Liga en este estadio supera, con
mucho, los niveles que pueden caracterizar a cualquier otro equipo y eso, para
quién lo haya experimentado, no se discute. Tal vez eso, el ambiente, generaba
en mi acompañante un mayor agarre de su pequeña manita a la mía pues, a medida
que nos acercábamos, veíamos que el color rojiblanco de su camiseta se
incrementaba tanto en las banderolas existentes a nuestro alrededor como en
quiénes también se dirigían hacia el campo. La multitud situada en la explanada
de acceso al estadio, y que demoraba su entrada, impresionaba.
Tras
despedirnos de quién nos acompañó por las calles de Bilbao en la aproximación a
San Mamés, con besito y felicitación navideña incluída (todo un ejemplo y una
gran persona), el asombro se apreciaba en el mismo instante en el que emergía,
grandioso, el campo y sus tribunas. Las exclamaciones infantiles propias de la
edad continuaban al comprobar cómo calentaban titulares y suplentes,
proyectando sin parar, una a una, preguntas en torno a cómo es esto o quién es
este. Su mirada se trazaba en todas las direcciones, sin querer excluir ni uno
sólo de los múltiples detalles que allí se generaban. Y, claro, qué vamos a
decir una vez comenzaron los acordes del himno del Athletic, el cual fue
canturreado como uno más de los 40 mil que asistían a ver el encuentro.
La
sonrisa esbozada desde el peldaño de acceso inicial se mantuvo, al menos, hasta
que nuestros rivales lograban adelantarse en el marcador. Decisión ésta del
penalti que resultó muy protestada, y calificada de injusta, por mi pequeña
entendedora del arte del balompié : de sonrisas a fruncir el ceño, de
mantenerse expectante a corear uno tras otro los cánticos de apoyo y ánimo que
surgían en la grada.
Al
final, a pesar de la hora intempestiva a la que terminaba el encuentro, a pesar
de tener el depósito bajo mínimos, a pesar de no estrenarse con victoria (habrá
que volver rápidamente para que no quede este mal recuerdo), aún apreciaba el
gusto de conocer a su equipo en directo, de conocer su estadio, de conocer en
directo a los jugadores que aparecen en sus cromos o de los que no deja de hablarse
en los recreos, en la televisiones o en las conversaciones de los adultos.
Ha sido este un gran día en la corta experiencia de vida, ha sido un regalo de esos que permanecen para siempre. Por ello alguno, pronto, en agradecimiento recibirá un poquito de su más apreciable tesoro, un besito y su sonrisa, que no es poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario