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martes, 21 de agosto de 2012

Acordes

Qué duda cabe que la música humaniza, que espiritualiza el alma, especialmente la clásica. Y estaremos todos de acuerdo en aquello de "acercar la música a la gente", más aún cuando ésta nace de Instrumentos tan bellos.

La música clásica que se desarrollaba el otro día en la explanada de Abandoibarra, junto al museo-casa de Puppy, mereció nuestra atención, en el que era el paseo vespertino en fechas festivas de la semana grande bilbaina. Y eso que se trataba sólo del ensayo del concierto nocturno posterior. Ciertamente, tres cuartas partes del aforo que formaban las sillas de maderas ordenadas para la ocasión disfrutaban del sonido, de la temperatura, del entorno.

Entrada la noche continuaba el ensayo. Y continuaba humanizándose el personal. En esto que irrumpió en el aforo un pequeño tropel de pinzas de plástico ajustadas a un particular moño ; de mechas de escaso arraigo ; de bolsas plástico (lástima no las hubieran cobrado a tres euros, a modo de evitar su presencia) publicitando flautas, no precisamente mágicas, envueltas de papel conservante plateado ; discursos y logotipos orales tendentes a localizar al grupo en el entorno, tendentes a fijar posaderas en lugar privilegiado, ignorando al resto de mortales allí presentes ; ruido ensordecedor proviniente del movimiento de las bolsas referidas y, a seguidas, la presencia estelar : el bocata de chorizo. Y su ingesta.

Y me hice la pregunta. Y comenzó el debate. Lo que rompía la armonía que envolvía hasta ese momento el lugar, fruto de piezas de Mozart y su flauta mágica, de Bach (cello concerto nº.1), la follia de Antonio Vivaldi, el carnaval de los animales de Camille Saint-saëns (por decir algunos que me fueron reconocidos), porque ya lo creo que se rompía, ¿no contradecía el axioma expuesto anteriormente al comienzo de esta entrada ?. Esto es, ¿ merecen estas obras de arte sonoras "tanta cercanía" al individuo y su circunstancia ? ¿cabe establecer algún tipo de límite, aún cuando estemos en una plaza, en una explanada, en una calle, de modo que no todo comportamiento sirva, de modo que no todo animal acceda al ritmo y a la armonía ?. Y eso a pesar del célebre dicho de que la música amansa a las fieras.   

En fin, no lo tengo yo tan claro.

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