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domingo, 26 de agosto de 2012

La Huella de la Historia


Pocos rastros tan humanos han destacado en nuestra longeva historia. Pocas veces una pisada reúne tanta carga simbólica. Muy pocas veces las escasas palabras vertidas por una determinada persona quedan depositadas en el subconsciente de todos nosotros, incluso hasta en quiénes pesa más el sub que la propia consciencia.
 
Se ha marchado el “hombre de la luna”. Nos ha dejado aquel que logró encaramarse al punto más alto desde el cual se nos puede ver. Desde ese punto en el cual todos somos pequeñitos y los problemas y las estupideces que los generan, aún lo son más. 
 
Gracias a sus palabras aprendimos la insignificancia del hecho humano. Somos una mota de polvo en el interior de un vasto castillo, cuyas puertas aún nos resultan desconocidas.
 
Y lo serán siempre, porque no evolucionamos. No sabemos superarnos a nosotros mismos. No logramos dar importancia a aquello que debe merecer nuestra atención y, en cambio, dispersamos nuestro intelecto y nuestra preocupación con acontecimientos banales, amenudo zafios, de escaso porte, alejados siempre de cualquier espíritu propio de superación. Para comprobarlo sólo tenemos que elevar nuestra cabeza y dar un giro de 360 grados en forma de periódicos, revistas, radios, televisores o conversaciones en la calle, en la escalera, en el trabajo o en la puerta de un bar.
 
¿ Dónde se encontrará ese “gran salto para la humanidad” del que nos hablaba el bueno de Neil ?.

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