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domingo, 4 de noviembre de 2012

Kirkistán

Son horas previas a la partida. Faltan pocas horas para encaramarse a una nueva aventura en la que se aportará, sin duda alguna, lo que se lleva dentro, y un poquito más.

La realización personal no entiende de fronteras, no entiende de territorios, ni siquiera de mínimas comodidades. Entiende de retos, de satisfacciones, entiende de logros personales, de alcanzar aquello con lo que uno se encuentra cómodo consigo mismo, de aquello que refleje el sentido vital que todos tenemos y llevamos dentro. Y nada más. Y nada menos. Y para esto hay que valer.
Ofrecerte hoy resulta extraño, más aún de forma desinteresada, cuando la recompensa que se alcanza no se contabiliza en números de muchas cifras, disponible con tarjetas de plástico. Y por eso es digno de ser subrayado.
En efecto, debe subrayarse la dificultad de acudir a un país lejano, de nombre gracioso y de chiste fácil para encontrarse con seres alejados de nuestras bondades y vivencias que probablemente luchen por sobrevivir de mejor forma. Desde luego que van a ser afortunados, pues recibirán mucho calor, del que aquí nos falta por cierto aunque parezca mentira decirlo, y sonrisas, que aquí habiéndolas no resultan verdaderas en la mayoría de las ocasiones.
Kirkistán comienza a formar parte de nuestra vivencia, como antes lo fue Argentina y luego Honduras. Engrandecemos nuestra geografía y empequeñecemos el mundo, dándonos cuenta que allá lejos existen problemas y, a veces, hasta mayores que los nuestros.
Es este el “más difícil todavía” que ahora nos toca vivir. Seguro habrá más y ella continuará enseñándonos.
 
Opus laudat artificem : la obra ensalza a su autor.


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