"Lección de hoy : ...¿ crees q el dolor se acumula y la felicidad no ?...".
La verdad, he tenido que leer una decena de veces esta pregunta, formulada en su muro por una admirada compañera, para comenzar a pensar en su contenido y en lo que, en sí misma, se recoge en esta suma de inocentes palabras. Tanto es así que tras darle vueltas y vueltas no acabo de encontrar una respuesta definitiva, aunque sí mi respuesta.
Sinceramente creo que el dolor se acumula, pero también se acumula la felicidad. La diferencia reside en la constatación de uno y de otro, principalmente, en la incidencia que tiene en nosotros la constancia de que o somos felices o por desgracia nos embarga la tristeza. Y en eso nuestra naturaleza hace que el comportamiento sea diferente en cuánto apuntamos hacia uno o hacia otro. Esto es, el dolor no acumula más que la felicidad, por el contrario, nos incide más. Somos más conscientes de uno que del otro.
Quién en escasos meses obtiene una trabajo, un matrimonio y además le suma un estado de "buena esperanza" puede decirse que goza de felicidad pero no por ello proclama a los cuatro vientos su estado de felicidad. En cambio, quién puede perder en escaso periodo de tiempo a seres queridos, soporta una ruptura, o queda en desempleo, proyecta por lo general su pesar en mayor espacio temporal en comparación al anterior estado.
Tal vez todo ello tenga que ver con nuestro estado de naturaleza al que tanto se han referido los clásicos. Tal vez seamos así.
Ubique medius caelus est (en todas partes está la mitad del cielo).
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