Así
lo quisieron los dioses
Rompe
la actualidad la noticia esperada por algunos, y evitada por otros, de que la segunda
hija del señor Jefe del Estado ha de acercarse un ratito hasta la isla donde,
por costumbre, veranea cada época estival. Salta
a la lógica que no tendrá la alegría propia de quién comienza sus vacaciones y
se dirige a ese rincón con el que se sueña la mayoría de los días y semanas de año.
Será este un viajecito destinado a saludar a un señor que, togado de negro y ya conocido por su marido, le vendrá a realizar unas cuantas preguntas acerca de las gestiones varias que ha realizado quien con ella comparte su vida. Preguntas, seguro, coincidentes con las que muchos de nosotros nos hemos hecho y respuestas, seguro, muy diferentes a las que muchos nos hemos podido imaginar. Sea como fuere, Mallorca espera. Así lo han querido los dioses.
Más allá del ruido propio de las cámaras y de los renglones que disparan y escriben en rosa, lo cierto es que este asunto viene repleto de decepciones, de ingentes dosis de estas. Si hasta ahora podíamos entender que en este país nuestro de lo poco que se salvaba era la propia Jefatura del Estado, sobretodo viendo el funcionamiento de otras Instituciones (representativas y también de control e intervención), episodios como los de la cacería, presentaciones de las llamadas amigas del alma, o actuaciones del yerno, han minado el respeto que a muchos aquella merecía principalmente por sus hechos en la transición política española. Lástima, finis coronat opus.
Ahora, no confundamos los términos. Uno de los mayores logros obtenidos por la entonces ciudadanía de hoy, hace ya varios siglos con la revolución acontecida en la Francia de julio de 1789 y luego exportada, fue el reconocimiento de la Igualdad ante la Ley de todos y cada uno de quiénes conformamos la sociedad civil transformada en sociedad política, y ello con independencia del sistema político y de la forma de gobierno que quiera dotarse. Por ello, todos, todos, sin lugar a la duda, han de “pasar por caja”, sean éstos quiénes sean. Lo contrario lastraríamos el funcionamiento mismo del sistema y retrotraeríamos nuestra evolución a escenas oscuras, no queridas. Parece mentira que este axioma no se tenga grabado en la frente de quiénes se dedican a la cosa pública o de ella se sustentan o con la misma estrechamente se relacionan.
Será este un viajecito destinado a saludar a un señor que, togado de negro y ya conocido por su marido, le vendrá a realizar unas cuantas preguntas acerca de las gestiones varias que ha realizado quien con ella comparte su vida. Preguntas, seguro, coincidentes con las que muchos de nosotros nos hemos hecho y respuestas, seguro, muy diferentes a las que muchos nos hemos podido imaginar. Sea como fuere, Mallorca espera. Así lo han querido los dioses.
Más allá del ruido propio de las cámaras y de los renglones que disparan y escriben en rosa, lo cierto es que este asunto viene repleto de decepciones, de ingentes dosis de estas. Si hasta ahora podíamos entender que en este país nuestro de lo poco que se salvaba era la propia Jefatura del Estado, sobretodo viendo el funcionamiento de otras Instituciones (representativas y también de control e intervención), episodios como los de la cacería, presentaciones de las llamadas amigas del alma, o actuaciones del yerno, han minado el respeto que a muchos aquella merecía principalmente por sus hechos en la transición política española. Lástima, finis coronat opus.
Ahora, no confundamos los términos. Uno de los mayores logros obtenidos por la entonces ciudadanía de hoy, hace ya varios siglos con la revolución acontecida en la Francia de julio de 1789 y luego exportada, fue el reconocimiento de la Igualdad ante la Ley de todos y cada uno de quiénes conformamos la sociedad civil transformada en sociedad política, y ello con independencia del sistema político y de la forma de gobierno que quiera dotarse. Por ello, todos, todos, sin lugar a la duda, han de “pasar por caja”, sean éstos quiénes sean. Lo contrario lastraríamos el funcionamiento mismo del sistema y retrotraeríamos nuestra evolución a escenas oscuras, no queridas. Parece mentira que este axioma no se tenga grabado en la frente de quiénes se dedican a la cosa pública o de ella se sustentan o con la misma estrechamente se relacionan.
Dicho
esto no cabe comulgar con falsos fariseos que, aprovechando que el Pisuerga
pasa por Valladolid, apuestan por cambios “adjetivados” y vaticinan mejoras
vinculadas a ideales propios del siglo XIX. Qué más da denominar a la Jefatura
del sistema de una forma o de otra si, en realidad, no se apuesta por reformar,
de verdad, el entramado político existente de modo que las Instituciones,
todas, vengan a funcionar como tienen que funcionar : repúblicas o monarquías, qué más
da. Cierto es que se diferencian en su carácter electivo pero, no nos
engañemos, su coste económico viene a ser el mismo o muy parecido (la actual
jefatura española resulta más rentable económicamente que otras presidencias
europeas, presupuestariamente hablando). Cierto es que a quién no se elige más se le debe exigir en cuanto a
honestidad y rigor en su desenvolvimiento, pero también es cierto que los
ejemplos italianos o griegos no ayudan a entender que en el cambio de la forma
de gobierno encontraríamos la solución.
Cabe preguntarse si
podríamos pensar en la apuesta por el modelo presidencialista, dotado de
funciones ejecutivas (como en Norteamérica), acompañado por una sóla cámara de
representantes de la ciudadanía (no dos) y ello acompañado no sólo de los contrapesos
propios de las relaciones entre los Poderes sino también de un Sistema de
Elección que sea de verdad, y no de mentira, no ideado a partir de listados de
personas que engendran los engendros que habitan despachos en plantas altas de
los edificios en los que se sitúan los partidos políticos de hoy. Y se disponga
la necesaria independencia de quiénes conforman los entes y organismos
encargados de controlar y evitar desmanes y desaciertos.
De esto no se oye hablar. De momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario