La Historia se
repite : nuevo Gobierno y nueva Ley de Educación. Si no me fallan los cálculos
se acomete la séptima Reforma de nuestro Sistema Educativo. Ahí es nada. Atrás
quedaron la LOECE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE y ahora viene la llamada LOMCE, la Ley de Mejora de la Calidad
Educativa, impulsada por el marido de Edurne.
La anunciada
Reforma introduce cambios, vaya que sí. Y podemos estar o no de acuerdo con los
mismos. Estaremos atentos a la letra pequeña. Pero más allá de los mismos, lo
cierto es que este anuncio lleva a reflexionar sobre la volatilidad de nuestras
normas educativas.
La verdad es que
ya ha llovido desde que aquel ministro, Maravall, acometiera en 1985 la primera
y profunda Reforma Educativa mediante la Ley Orgánica del Derecho a la
Educación (LODE), a la que siguió en octubre de 1990 (ya en la tercera Legislatura
socialista), la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo,
LOGSE, que reestructuró la enseñanza secundaria y universalizó la educación
pública gratuita hasta los 16 años. Luego en diciembre de 2002 nos vino
JoseMari (el que sabía hablar catalán en su intimidad), que aportó lo suyo con
la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE), ya en su segundo gobierno y
defendida por su ministra Pilar
del Castillo. Ley ésta que, por cierto, no llegó a aplicarse pues el
“cejas”, tras llegar al Gobierno, paralizó el calendario de su aplicación por
medio de un Real
Decreto de 2004, siendo derogada finalmente por la Ley Orgánica
2/2006 de Educación, que volvía a dar continuidad al sistema educativo anterior
promulgado por los socialistas del caballero González.
Y si uno atiende
a todas y cada una de las explicaciones ofrecidas en cada momento para
justificar la promulgación de la Norma Educativa de turno, puede llegar a la
conclusión de que estos tipos tienen el norte perdido. Y es que siempre se
trata de Reformas “prácticas, sensatas, graduales, instrumentales” y desde
luego “en modo alguno ideológicas”. Ya. Es decir, la anterior no lo era, y la
mía sí.
Lo dicho,
nuestros políticos han perdido el norte. Vamos a ver, ¿ quién puede llegar a
imaginar un país puntero, o de referencia a nivel internacional en cualquier
sector de actividad, en el que su Sistema Educativo baile cada poco tiempo, en
el que la Legislación que reglamenta cómo los infantes han de estudiar y cómo
han de formarse, quede vinculado a las proclamas ideológicas del partido político que
gobierne en cada momento ?.
Lo sensato es
que aquellos que viven del erario público, aquellos que nos cuestan un carajal
de nuestros Impuestos, por una vez, al menos, sean conscientes de que el
desarrollo de un país depende muy mucho del vigor de determinadas Instituciones
como, en este caso, la referida al Sistema Educativo y que éste debiera quedar
fijado para largo con el consenso de todos ellos, alejado del “circo” político
habitual, y basado exclusivamente en el objetivo de formar a quiénes el día de
mañana serán los protagonistas en nuestra sociedad y en atención a lo posición
que se quiera mantener con respecto al resto de países.
Tampoco es tan
complicado.
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