Hace
hoy 35 años que quiénes conformaban aquello llamado España aunaron esfuerzos y,
dando ejemplo a la mismísima comunidad internacional, lograron conformar un
texto articulado que sentaba las bases de nuestra convivencia. No es esta una cuestión baladí. Salíamos
de una dictadura y, lo que es peor, de una fractura social que llegaba a
separar o dividir a primos y hermanos. Nuestros hogares, y también nuestras plazas
y calles, se dividían en colores.
Aquellos
supieron posicionar nuestra gran Norma en la vanguardia del Derecho, no sólo
europeo sino también Internacional. Nuestra norma constitucional incorporaba,
como nadie, principios y valores que no tantos países ya disponían.
Precisamente
la despedida del gran líder, quizás uno de los más influyentes del pasado siglo
y de comienzos de este, Nelson Mandela, un día antes de la celebración de este
aniversario constitucional, debiera servirnos para darnos cuenta que buena
parte de los Valores que aquel defendió y que negaba la Sudáfrica del “Apartheid”
han sido recogidos por el constituyente de 1978 en el primer artículo su texto
: la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
Sólo
esto debiera llevarnos a celebrar, cada 6 de diciembre, su vigencia.
Porque
los derechos fundamentales que luego recoge, juntos a los derechos y deberes de
los ciudadanos o los propios principios rectores de nuestra política social y
económica (quizás falten algunos, quizás sobre otros), la Forma Política de
gobernar España con la actual Jefatura del Estado y los separados Poderes del Estado
o la misma Organización Territorial de este último, puedan generar largos
debates y múltiples ideas, pero no debiéramos perder el norte : celebremos,
primero, aquello que tenemos, que no es poco y no está mal. Luego ya pensemos
en qué hacer, o en qué mejorar, pero luego, después de saber decirnos a
nosotros mismos lo bien que lo hicimos festejando su existencia y lo que su
contenido representa.
Es
una lástima que en este aniversario trascienda más los defectos o mejoras a
pulir o incorporar que la celebración de sus 35 años. Y es que la carencia que
tenemos de personas preparadas para gestionar nuestros problemas diarios genere
que quiénes ocupan despachos y escaños, nacionales o regionales, y hasta
municipales, centren la continuidad de su comodidad en reformar o modificar una
Norma que tanto bien nos ha traído.
No
es que reniegue de modificarla o reformarla. Reniego de abrir un melón sin
saber muy bien para qué o con qué finalidad. Tóquese, pero con la suma de
todos, porque lo que hoy tenemos ha costado mucho y no ha sido producto mismo
de la casualidad.
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