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lunes, 23 de diciembre de 2013

niños perdidos


Hoy ha sido una tarde de domingo un tanto especial, no ya sólo porque disten poco más de cuarenta horas para verme embuido del festejo navideño sino también por haber tenido la oportunidad de disfrutar de un concierto de los “niños perdidos” : http://www.facebook.com/pages/Los-Ni%C3%B1os-Perdidos/383197365129682


Hacía tiempo que mi agenda recogía la idea de asistir a disfrutar la música en directo de dicho grupo getxotarra y ello en cuanto la oportunidad se presentase. Dicho y hecho : conciertazo en el Coppola´s de Bilbao, con alegría añadida de encontrarme allí con mi apreciado escritor Paul Fernández de Areilza, autor, entre otros, del libro "yo quemé el edificio windsor (fue sin querer)" o del libro “getxo, aixerrota: la quimera vasca de un irlandés, edmundo de shee”, muy recomendables por cierto.
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La música de este trío retrotrae a la música de los llamados ochentas, no sé si de la ola de aquí o de allá, pero de los 80, de la cual muestro mi absoluta preferencia. Aquello era música, esto es música. No soy dado a etiquetas, esto es, quién soy yo para etiquetar a nadie, más aún cuando cada uno desarrolla su propio esfuerzo para encontrar su sitio, pero lo que escuchaba ayer me llevaba a escenarios musicales de aquella legendaria década. Tienen base estos chicos, sí, y me han gustado, porque tienen guitarra, porque la misma combina a la perfección con el bajo y porque la batería acopla bien el ritmo que quiere darse a las letras de sus canciones, muy pegadizas por cierto : me quedo con aquella de “…para qué quieres subir tan alto si no sabes volar…”. Molan.

Sigámosles la pista. Es para bien. Será para bien.


 

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